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El Proceso de Coaching

Ahora que ya sabemos qué es un Coach, necesitamos entender y comprender qué es un proceso de coaching, para qué sirve y qué podemos esperar de ello. Un proceso es un conjunto de fases y actividades que tienen un fin o un objetivo, es decir, del que  se espera un resultado al final. El Coaching es la técnica o disciplina que permite a la persona lograr sus retos, objetivos o metas a través del desarrollo y aprendizaje. Por tanto un proceso de coaching es la sucesión de varias sesiones de reflexión y conversación entre el Coach y el Coachee (Cliente) donde existe un reto a lograr y el compromiso de ambas partes por lograrlo.

Si no hay reto, no hay coaching. Si no existe el compromiso de ambos (Coach y Coachee), no hay coaching. Un proceso de coaching tiene su esencia en la necesidad de lograr algo que por sí misma la persona no está logrando. Partiendo de una situación actual, del presente, en el proceso de coaching se inicia un camino hacia el logro de un futuro deseable, hacia una situación ideal que deseamos, necesitamos o simplemente queremos en nuestra vida.

El proceso de coaching es un camino de desarrollo, en el que la persona aprende a ser consciente en primer lugar de las oportunidades y posibilidades que tiene y que no había contemplado. Es un despertar a nuevos escenarios y nuevas realidades que siempre habían estado ahí pero que estaban ocultas en creencias limitantes, emociones bloqueadas o simplemente desconocidas. Es un proceso de liberación y de conexión con uno mismo. En segundo lugar el proceso de coaching permite a la persona responsabilizarse de su vida, de sus decisiones y de sus pensamientos. A través de la consciencia y de la responsabilidad la persona obtiene el empuje necesario para moverse, para actuar, pero no de la misma forma que lo había hecho hasta ahora sino desde una nueva perspectiva, desde una nueva mirada que le permite obtener resultados y metas antes imposibles de lograr por el mismo.

El proceso de coaching abre la mente, ayuda a cuestionar patrones mentales y paradigmas. Transforma creencias limitantes en creencias de posibilidad. A través del proceso de coaching se aprende a conversar con uno mismo, se aprende a escuchar el interior y legitimar necesidades. Facilita la claridad, desarrolla los talentos internos que ya existen en la persona, mueve a la acción, desbloquea, saca a las personas de su zona de confort y permite la consecución de logros y retos extraordinarios para la persona, las empresas y la sociedad en general.

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El Coach

¿Qué es un Coach? y ¿por qué no tenemos en español una palabra que recoja este significado?. Lo cierto es que la influencia americana y el inglés concretamente, están cada día más presentes en nuestras vidas, sobre todo en el entorno empresarial donde términos como feedback, core business, deadline, empowerment, know how, managment, kick off, partner, etc. no poseen un aliado en nuestro idioma o por lo menos no existe aquel que hasta la fecha nos haya convencido.

Habitualmente la primera vez que me encuentro ante un posible cliente, mi reto consiste en saber explicar de manera clara y sencilla lo que significa la palabra Coaching y con ello, la figura del Coach. Es recurrente la utilización del ejemplo del deporte donde históricamente hemos estado más acostumbrados al uso de la palabra Coach para definir al «entrenador» de un equipo. De esta manera la explicación empieza a resultar más sencilla porque la mayoría de personas saben «quién es» y «qué hace» un Coach en un equipo de Baloncesto, de Fútbol etc.

También es cierto que hace unos años el Coaching era un gran desconocido en España, hoy en día, la mayoría de personas han oído hablar del Coaching o conocen a alguien que ha realizado un proceso de Coaching. Aún así, siguen existiendo dudas, desconfianza, inseguridad y susceptibilidad ante la figura del Coach y por tanto ante el trabajo que se desarrolla en un proceso de Coaching. Posiblemente esta desconfianza ha venido generada por varios motivos: las expectativas de la persona no se correspondían con lo que un proceso de Coaching aporta, el reto inexistente de la persona o su ausencia de compromiso para lograr sus metas, la no profesionalidad del Coach y su escasa capacitación y preparación.

Sea cual fuere la causa, lo cierto es que la «desconfianza» ante el Coaching y por tanto hacia el Coach, está encima de la mesa y no es para menos. Estamos en un momento de acción y de cambio,  de nada nos sirve teorizar. Necesitamos energía, movimiento y si algo nos genera duda o desconfianza, si creemos que vamos a perder el tiempo en lugar de ganarlo, posiblemente decidamos  que probar nuevas opciones no sea lo mejor en estos momentos.

También es cierto que quien ha tenido la suerte de realizar un proceso de Coaching con un Coach Profesional y que ha logrado alcanzar sus retos y desafíos, confía en el Coaching y confía en la figura del Coach, como guía, como acompañante en su proceso de desarrollo personal y profesional.

El proceso de Coaching tiene un coste que posiblemente de entrada pueda parecer «costoso», sobre todo cuando nunca antes hemos invertido en nosotros ni en nuestro desarrollo personal o profesional. Estamos acostumbrados a pagar por cuidar nuestro cuerpo, nuestro cabello, estamos acostumbrados también a pagar por realizar actividades de ocio, como ir al cine, al teatro, conciertos, espectáculos, etc. Pagamos por cosas materiales, como un coche, una casa, libros, música, pagamos también por cursos de formación reconocidos que nos otorguen una titulación de Máster por ejemplo, pagamos por cosas que nos hacen ser mejores a la vista de los demás. Y nos cuestionamos pagar o juzgamos de «costoso» un proceso de desarrollo de nuestra persona, de nuestro ser, dudamos de que sea útil, de que nos aporte algo realizar una trabajo de reflexión, de introspección y transformación  personal. Simplemente lo que sucede es que «no tenemos costumbre», no estamos habituados a reflexionar sobre nosotros, no hemos aprendido a mirar hacia dentro, a hacernos preguntas, a cuestionar que quizás las respuestas que necesitamos no estén afuera sino en el foro más interno de nuestro ser.

Un Coach es una ayuda hacia nuestro interior, un guía que nos acompaña en un proceso de reflexión interior, nos facilita entender qué sentimos, nos permite identificar bloqueos, miedos y creencias que limitan nuestro ser. Lo cierto que es todos necesitamos un espejo para vernos realmente, el Coach te ayuda a que tu reflejo coincida con quien eres, con tu autenticidad. El Coach te acompaña en un proceso de liberación respecto a normas y reglas impuestas por ti y por los demás. El Coach permite que entres en contacto contigo mismo.

El Coach y el proceso de Coaching te ayudan a cambiar, a obtener resultados tangibles en tu vida, te permite fluir y aprender a gestionar emociones.

Un Coach es por tanto un aliado y el proceso de Coaching un gran regalo para uno mismo. Juzga a través de tu propia experiencia, juzga a través de los resultados.

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Cumplimiento vs Compromiso

La palabra cumplimiento lleva en sí misma  cumplo y miento por un lado se obedece una orden, obligación o promesa y por el otro se cuestiona desde la sinceridad el querer ejecutar dicha promesa u orden. El quid de la cuestión radica en el compromiso de la persona ante la orden o promesa.

El cumplimiento nace de la obligación, de la exigencia a realizar dicha orden. Desde la obligación no hay libertad para no hacerlo, para no cumplirlo, de hecho si no cumplimos somos castigados o penalizados. Así funciona nuestro sistema, a través del castigo. Somos hijos de la cultura del esfuerzo, del sacrificio y de la pena. Nacemos para obedecer y para no cuestionarnos.

Un claro ejemplo que podría utilizar y que conozco en primera persona es la Ley de Prevención de Riesgos Laborales que curiosamente ha cumplido este año su mayoría de edad, nada más ni nada menos que 18 años. Todavía recuerdo lo que supuso aquella nueva legislación en marcha, aquellas nuevas exigencias desde el gobierno y el estado que «obligaban» a todas las empresas a cumplir con nuevos requisitos en lo que a la Seguridad e Higiene se refería.

Nuevas exigencias que obligaron a mantener una documentación actualizada en la materia, nuevos puestos de trabajo para profesionales que se encargaran de velar por el cumplimiento de la ley y el miedo generado en las empresas, por un lado por el coste que suponía la gran inversión en adaptar los medios y las medidas preventivas en los centros y lugares de trabajo y por otro las cantidades tan elevadas que implicaban las sanciones ante el no cumplimiento de la ley.

Entonces ya existía algo que yo no entendía y que por supuesto no compartía, la necesidad de obligar y presionar. Me formé como Técnico en Prevención y durante años trabajé para distintas organizaciones sensibilizando a los empleados ante la importancia de cumplir la Ley. ¿Qué podía haber más importante que proteger la vida de las personas en las empresas? y ¿qué podía haber más importante que cuidar y protegerse a uno mismo?. La respuesta a ambas preguntas está clara, no hay nada o no debería haber nada más importante. Pero lo cierto es que tanto los empleados como los empresarios e incluso todos los que nos dedicábamos a «hacer cumplir la ley» no teníamos un compromiso claro y evidente con la Ley y con lo que ésta demandaba.

¿Cómo hubiera sido trabajar desde el compromiso en lugar que desde la obligación? ¿Qué hubiera sido diferente si el objetivo hubiese sido «comprometer» a empleados y empresas con la Seguridad Laboral? ¿Qué podíamos haber hecho diferente?

De entrada transformar las creencias de que el miedo y el castigo permite que las personas hagan cosas y se muevan. En segundo lugar eliminar premios y sanciones para garantizar el cumplimiento. Requiere un cambio de paradigma, un cambio cultural que consiste en:

  • Legitimar a la persona (empleado) como principal protector de su propia vida.
  • Dar y generar confianza, creyendo en las personas y compartiendo la visión lograda.
  • Expresar claramente el interés, la necesidad y el resultado a lograr.
  • Facilitar «realmente» el cambio, poniendo a disposición medios, medidas, formación e información.
  • Permitir «realmente» la consulta y participación de los trabajadores a través Comités de Participación y Mejora.
  • Empatizar para ser observadores de la realidad de los demás.

En las empresas, en la sociedad en general y en nuestras propias vidas podemos dar un paso más, podemos seguir cumpliendo órdenes, normas y leyes o podemos elegir comprometernos, podemos buscar aquello que conecta con cada uno de nosotros. Podemos ayudar también a que los demás se comprometan. Vivir, trabajar y moverse desde el compromiso supone una liberación y una responsabilidad. ¿Cumples o te comprometes?

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