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Cumplimiento vs Compromiso

La palabra cumplimiento lleva en sí misma  cumplo y miento por un lado se obedece una orden, obligación o promesa y por el otro se cuestiona desde la sinceridad el querer ejecutar dicha promesa u orden. El quid de la cuestión radica en el compromiso de la persona ante la orden o promesa.

El cumplimiento nace de la obligación, de la exigencia a realizar dicha orden. Desde la obligación no hay libertad para no hacerlo, para no cumplirlo, de hecho si no cumplimos somos castigados o penalizados. Así funciona nuestro sistema, a través del castigo. Somos hijos de la cultura del esfuerzo, del sacrificio y de la pena. Nacemos para obedecer y para no cuestionarnos.

Un claro ejemplo que podría utilizar y que conozco en primera persona es la Ley de Prevención de Riesgos Laborales que curiosamente ha cumplido este año su mayoría de edad, nada más ni nada menos que 18 años. Todavía recuerdo lo que supuso aquella nueva legislación en marcha, aquellas nuevas exigencias desde el gobierno y el estado que «obligaban» a todas las empresas a cumplir con nuevos requisitos en lo que a la Seguridad e Higiene se refería.

Nuevas exigencias que obligaron a mantener una documentación actualizada en la materia, nuevos puestos de trabajo para profesionales que se encargaran de velar por el cumplimiento de la ley y el miedo generado en las empresas, por un lado por el coste que suponía la gran inversión en adaptar los medios y las medidas preventivas en los centros y lugares de trabajo y por otro las cantidades tan elevadas que implicaban las sanciones ante el no cumplimiento de la ley.

Entonces ya existía algo que yo no entendía y que por supuesto no compartía, la necesidad de obligar y presionar. Me formé como Técnico en Prevención y durante años trabajé para distintas organizaciones sensibilizando a los empleados ante la importancia de cumplir la Ley. ¿Qué podía haber más importante que proteger la vida de las personas en las empresas? y ¿qué podía haber más importante que cuidar y protegerse a uno mismo?. La respuesta a ambas preguntas está clara, no hay nada o no debería haber nada más importante. Pero lo cierto es que tanto los empleados como los empresarios e incluso todos los que nos dedicábamos a «hacer cumplir la ley» no teníamos un compromiso claro y evidente con la Ley y con lo que ésta demandaba.

¿Cómo hubiera sido trabajar desde el compromiso en lugar que desde la obligación? ¿Qué hubiera sido diferente si el objetivo hubiese sido «comprometer» a empleados y empresas con la Seguridad Laboral? ¿Qué podíamos haber hecho diferente?

De entrada transformar las creencias de que el miedo y el castigo permite que las personas hagan cosas y se muevan. En segundo lugar eliminar premios y sanciones para garantizar el cumplimiento. Requiere un cambio de paradigma, un cambio cultural que consiste en:

  • Legitimar a la persona (empleado) como principal protector de su propia vida.
  • Dar y generar confianza, creyendo en las personas y compartiendo la visión lograda.
  • Expresar claramente el interés, la necesidad y el resultado a lograr.
  • Facilitar «realmente» el cambio, poniendo a disposición medios, medidas, formación e información.
  • Permitir «realmente» la consulta y participación de los trabajadores a través Comités de Participación y Mejora.
  • Empatizar para ser observadores de la realidad de los demás.

En las empresas, en la sociedad en general y en nuestras propias vidas podemos dar un paso más, podemos seguir cumpliendo órdenes, normas y leyes o podemos elegir comprometernos, podemos buscar aquello que conecta con cada uno de nosotros. Podemos ayudar también a que los demás se comprometan. Vivir, trabajar y moverse desde el compromiso supone una liberación y una responsabilidad. ¿Cumples o te comprometes?

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