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Coaching y Empresa

Hace menos de diez años el coaching era un gran desconocido en España. Recuerdo que compré mi primer libro de Coaching en el año 2001 «Coaching para el Éxito» de Talane Miedaner. En ese momento me encontraba en un cambio importante en mi vida tanto personal como profesional y este libro me ayudó a entender, me ayudó a comprender y poner en orden mi vida, mis pensamientos y mis sentimientos, pero sobre todo me ayudó a marcarme objetivos y a establecer mi propio plan de acción.

Si algo he comprobado en mi trayectoria profesional como Coach, es que el Coaching es altamente efectivo cuando el reto está muy claro, muy bien definido y por supuesto cuando existe el compromiso de las partes por lograrlo. En las organizaciones existe claridad en las áreas de mejora a trabajar de las personas. Las empresas son conscientes de los cambios y transformaciones que desean ver en sus colaboradores y por tanto en los resultados y productividad de éstos.

Partir de un diagnóstico previo como, la evaluación 360º o la evaluación del desempeño y rendimiento, facilitan a la empresa y a la dirección establecer objetivos de mejora y retos a trabajar. El paso siguiente consiste en que el colaborador haga propio el reto que le ha marcado la empresa con el propósito de alinear los objetivos de la persona con los de la compañía. La persona necesita entender qué le está pidiendo la empresa, necesita comprender el cambio observable que quiere ver en él y necesita por supuesto identificar el beneficio personal que este reto le supondrá. En definitiva lograr el win – win de ambas partes.

No existirá compromiso ni por tanto proceso de mejora si los retos no están alineados, será imposible trabajar si la persona no se permite ver qué gana, qué beneficio obtiene de manera personal si consigue el reto propuesto por la empresa.  En este sentido resultará imprescindible al inicio del proceso de coaching que el Coach trabaje con el Coachee para lograr su compromiso con el proceso de coaching y con el reto. Así mismo, la empresa por su parte se comprometerá también con el reto del colaborador, facilitando su ayuda, feedback y seguimiento durante el proceso y al finalizar el mismo. Celebrando y reconociendo los logros obtenidos, validando comportamientos favorables en línea con el reto y también advirtiendo las áreas de mejora y los comportamientos que requieren de cambio y transformación.

El éxito de un proceso de coaching dependerá del Coach, del Coachee y de la Empresa, de las conversaciones productivas que se tengan en la organización para garantizar el cambio de comportamientos y el logro de resultados en los procesos de transformación.

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El Proceso de Coaching

Ahora que ya sabemos qué es un Coach, necesitamos entender y comprender qué es un proceso de coaching, para qué sirve y qué podemos esperar de ello. Un proceso es un conjunto de fases y actividades que tienen un fin o un objetivo, es decir, del que  se espera un resultado al final. El Coaching es la técnica o disciplina que permite a la persona lograr sus retos, objetivos o metas a través del desarrollo y aprendizaje. Por tanto un proceso de coaching es la sucesión de varias sesiones de reflexión y conversación entre el Coach y el Coachee (Cliente) donde existe un reto a lograr y el compromiso de ambas partes por lograrlo.

Si no hay reto, no hay coaching. Si no existe el compromiso de ambos (Coach y Coachee), no hay coaching. Un proceso de coaching tiene su esencia en la necesidad de lograr algo que por sí misma la persona no está logrando. Partiendo de una situación actual, del presente, en el proceso de coaching se inicia un camino hacia el logro de un futuro deseable, hacia una situación ideal que deseamos, necesitamos o simplemente queremos en nuestra vida.

El proceso de coaching es un camino de desarrollo, en el que la persona aprende a ser consciente en primer lugar de las oportunidades y posibilidades que tiene y que no había contemplado. Es un despertar a nuevos escenarios y nuevas realidades que siempre habían estado ahí pero que estaban ocultas en creencias limitantes, emociones bloqueadas o simplemente desconocidas. Es un proceso de liberación y de conexión con uno mismo. En segundo lugar el proceso de coaching permite a la persona responsabilizarse de su vida, de sus decisiones y de sus pensamientos. A través de la consciencia y de la responsabilidad la persona obtiene el empuje necesario para moverse, para actuar, pero no de la misma forma que lo había hecho hasta ahora sino desde una nueva perspectiva, desde una nueva mirada que le permite obtener resultados y metas antes imposibles de lograr por el mismo.

El proceso de coaching abre la mente, ayuda a cuestionar patrones mentales y paradigmas. Transforma creencias limitantes en creencias de posibilidad. A través del proceso de coaching se aprende a conversar con uno mismo, se aprende a escuchar el interior y legitimar necesidades. Facilita la claridad, desarrolla los talentos internos que ya existen en la persona, mueve a la acción, desbloquea, saca a las personas de su zona de confort y permite la consecución de logros y retos extraordinarios para la persona, las empresas y la sociedad en general.

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¿En qué fase te encuentras?

Existen tres fases por las que las personas habitualmente pasamos, antes de iniciar un proceso de cambio, desarrollo y transformación. Estas tres fases están relacionadas con la actitud que mostramos y cómo nos enfrentamos ante una situación problemática a resolver o con ese cambio que deseamos promover.

La primera de las fases, consiste en darse cuenta y aceptar que tenemos esa situación problemática a resolver, identificar que existe algo que nos está dificultando nuestro camino, algo que se interpone entre lo que deseamos ser y lo que somos en el momento presente, o más concretamente ver claramente quiénes estamos siendo y quiénes nos gustaría ser. Esa situación a la que llamamos «problema», está siendo vista desde un punto de vista ajeno a nosotros, es decir, algo que ha llegado desde afuera, algo que yo no quiero o que «ya no quiero». Identificarla y aceptarla es el primer paso.

La segunda de las fases, tiene que ver con la responsabilidad, es decir, con hacerme cargo de la situación. Decidir que queremos cambiarla, ver qué es lo que podemos hacer, qué está en nuestra mano cambiar. Asumir nuestra responsabilidad genera un cambio de perspectiva ante la situación a resolver, supone vivir el proceso de cambio desde un reto y desafío en lugar que desde un problema. La diferencia se encuentra en elegir ser una víctima que culpabiliza a los demás, al sistema y al entorno o bien elegir ser un protagonista del cambio que queremos ver y lograr. Convertirnos en responsables de nuestras metas y objetivos es el segundo paso.

La tercera de las fases está relacionada con nuestra capacidad de humildad al permitir buscar y pedir ayuda. Pedir ayuda nos coloca en una situación de vulnerabilidad, de alguna manera nos decimos que no somos suficientemente inteligentes, creativos, válidos, etc. para resolver nuestras situaciones, para lograr nuestras metas.  Pero lo cierto, es que existen retos y desafíos de la persona que superan la posibilidad de ser logrados a través de uno mismo, siendo imprescindible por tanto la ayuda del otro, el espejo en el que poder vernos. Disponemos de las competencias, disponemos del talento necesario para lograr nuestro reto aunque no somos conscientes de ellos porque tenemos  bloqueos, barreras que nos impiden conseguir lo que deseamos, en esos casos, en los que por nosotros mismos no estamos obteniendo los resultados deseados, es el momento de permitirnos ser y sentirnos vulnerables y pedir ayuda. Buscar y pedir ayuda es el tercer paso para el desarrollo y transformación de uno mismo.

¿En qué fase te encuentras?…

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